Cerebro materno y matrescencia

Cerebro materno

¿Qué sucede dentro de nosotras cuando nos convertimos en madres?

   La antropología ha querido responder a esta pregunta para dar sentido a las innumerables transformaciones psico-físicas que atravesamos desde que nos quedamos embarazadas hasta que finalmente nos convertimos en madres y cuyos efectos persisten a lo largo del tiempo.

   Un torbellino de cambios hormonales, físicos, cerebrales y emocionales se instala en nosotras, generando a su vez una metamorfosis en nuestra identidad, nuestra más profunda esencia, y en la relación que tenemos con el entorno que nos rodea.

   La primera vez que se usó el término matrescencia fue de la mano de Aurelie Athan, quién en 2008 lo acuñó para referirse a la honda transformación que tiene lugar en nosotras cuando comenzamos a gestar vida.

¿A qué otro periodo vital nos recuerda la Matrescencia?

   Al poner el foco en la adolescencia, se hace patente el aluvión de cambios hormonales, físicos y cerebrales a los que los jóvenes se ven expuestos. Unos cambios que los enfrentan con la construcción de una nueva identidad, con la transición al mundo de los adultos y con el abandono de la niñez. Nuevos roles, nuevas necesidades, nuevos deseos y nuevas expectativas lo invaden todo.

   No parece muy distinto al terremoto que comenzamos a vivir cuando nos quedamos embarazadas. Al fin y al cabo, en ambos casos nos encontramos ante un nuevo mundo con sus nuevas reglas, y esto requiere, como no puede ser de otro modo, de un periodo de adaptación y crecimiento.

¿Tienen estos cambios impacto a nivel cerebral?

   La respuesta es clara: sí.

   Los cambios cerebrales que se disparan en la adolescencia han sido estudiados, confirmados y replicados en numerosos estudios.

   Hasta hace apenas unos años casi nada se sabía del cerebro de las embarazadas. Hoy, gracias a algunos estudios, se hace evidente: el embarazo transforma irremediable e irreversiblemente el cerebro.

    Cuando nos quedamos embarazadas sucede en nosotras algo similar a lo que ocurre cuando un árbol es podado, que se vuelve más fuerte y vigoroso tras desechar sus ramas más débiles y frágiles.

   En los seres humanos, este proceso se conoce como poda neuronal y va a implicar que algunas de nuestras regiones y circuitos cerebrales se especialicen, perfeccionen y maduren.

    Esta poda sináptica funciona como un árbol, de modo que nos permite eliminar las sinapsis (conexiones neuronales) más débiles y fortalecer las más relevantes. La consecuencia inmediata es que el procesamiento de la información se vuelve más maduro y eficiente.

¿Existe relación entre la carga hormonal y los cambios cerebrales?

   El estudio capitaneado por la psicóloga e investigadora en neurociencia Susana Carmona, demostró que tanto en el embarazo y como en la adolescencia se generan cambios cerebrales de características similares en el manto cortical.

“Pregnancy and adolescence entail similar neuroanatomical adaptations: A comparative analysis of cerebral morphometric changes”. Carmona et al. 2019.

   Para comprender el estudio de Susana Carmona hemos de tener en cuenta que los niveles hormonales a los que las mujeres estamos expuestas durante el embarazo son significativamente superiores a los niveles promedio del resto de nuestra vida. Buena cuenta de ello dan los estrógenos, que aumentan de tal modo durante el proceso de embarazo que en esas 40 semanas de gestación superan a los que de media producirá una mujer no embarazada durante toda su vida.

    El único periodo vital en el que también se da este impactante aumento hormonal es la adolescencia, etapa en la que hay muestras evidentes de poda neuronal, y por lo tanto de especialización y maduración cerebral.

   Es precisamente el hecho de que estas hormonas tengan capacidad para modificar la estructura y función cerebral, lo que ha llevado a relacionarlas con la poda sináptica presente en ambas etapas vitales.

    Por otro lado, el estudio sugiere también que las hormonas son responsables de un notable aumento de la neuroplasticidad. Este supuesto reviste gran importancia porque abre toda una línea de investigación sobre el posible papel de las hormonas en la aparición de trastornos mentales cuya prevalencia aumenta significativamente tanto en la adolescencia como en la matrescencia.

https://mubesfisioterapia.com/parto-traumatico/

¿Qué significado tiene esta modificación cerebral?

   Las modificaciones que se dan a nivel estructural y funcional en nuestro cerebro durante el embarazo suponen el mayor cambio neurobiológico de la vida adulta.

   Sin embargo, este proceso sigue siendo tan sumamente desconocido que se tiende a patologizar gran parte de la conducta materna, especialmente en el posparto.  El sobrediagnóstico de depresión posparto es un buen ejemplo de ello.

    Resulta revelador entender que gran parte del desconcierto que sentimos al convertirnos en madres, de la confusión, de la fragmentación de la identidad y de nuestras ambivalencias y contradicciones, están enraizadas en estos cambios cerebrales.

    ¿Cómo sentirse igual cuando nuestro cerebro materno se está reestructurando y preparándose para dar vida y criar? Es necesario adaptarse a lo que supone una drástica modificación cerebral. Si nuestro cerebro muta, nosotras mutamos.

¿Para qué sirven estos cambios cerebrales?

    El cerebro materno se prepara para atender al bebé, para cuidarlo, atenderlo y protegerlo. Para percibir cada uno de los comportamientos de la cría y descifrarlos de modo que podamos responder a ellos.

   Después del parto, el volumen de materia gris cerebral cambia drásticamente, sobre todo en las áreas cerebrales relacionadas con los procesos sociales y la percepción de emociones y estados mentales.

   Es habitual, por ejemplo, que estemos alertas a cualquier señal del bebé, como a la respiración nocturna durante las primeras semanas de vida. Esta conducta de hipervigilancia obedece al más puro instinto de supervivencia.

   Es sencillo: nuestro cerebro se vuelve más complejo para hacernos cargo de una vida que está, literalmente, en nuestras manos.

¿Qué relación tienen los cambios en el cerebro materno con los malestares emocionales en el posparto?

   La transición a la maternidad es un proceso complejo e intenso. Hemos podido comprobar cómo el cerebro se transforma para acoger a una nueva vida. Estos cambios no pueden ser inocuos, y esto es quizás, lo que urge que entendamos.

   Transitar la maternidad, con un cerebro que se está recolocando y unas hormonas que están multiplicándose, nos deja en muchas ocasiones, un poso de malestar que a veces no sabemos gestionar. No entendemos porqué estamos tristes o porqué nuestros primeros meses como mamá no nos están dejando ser todo lo felices que esperábamos ser.

¿Se trata de un proceso normal o patológico?

   Que nuestro cerebro se prepare para cuidar a nuestro bebé y nos sintamos extrañas, raras, tristes o incluso vacías en ese camino, es a todas luces, parte de un proceso normal. Que sintamos que nuestra identidad se ha fragmentado y que nos cueste tejer hilos con las que éramos antes del parto es el reflejo natural de lo que supone la matrescencia. Un cerebro que nos prepara para enfocarnos por completo en nuestro bebé, exige tiempo de adaptación, de duelo por la parte de nosotras mismas que dejamos un tiempo en pausa, y de recuperación por el renacimiento que vivimos cuando conectamos por fin la que éramos con la que somos.

   La cuestión es que este proceso se ha patologizado desde la sociedad y las instituciones sanitarias, convirtiendo en enfermedad (Depresión Posparto como cuadro clínico) lo que es mera adaptación a una nueva etapa vital, que exige que nosotras nos transformemos para renacer en quienes ahora somos.

¿Qué necesitamos?

   Que se estudie, se reconozca y se entienda que la matrescencia ha de ser contemplada en toda su inmensidad y complejidad como se hace con la adolescencia.

   Que se acepte y se valore como la transición vital más importante y significativa de la vida adulta, que nos coloca a todas ante la ardua tarea de rehacernos desde los cimientos.

   No tienes que llegar a enfermar para pedir ayuda.La transición a la maternidad puede llegar a ser muy compleja. ¿Te acompañamos y la transitamos juntas?

Trastorno de estrés postraumático tras el parto

Parto traumático

   Es difícil encontrar una definición sistematizada y unívoca de lo que es un parto traumático. Este tiene que más que ver con la vivencia personal de quién está dando a luz y con su modo particular de percibir todo lo que está sucediendo a su alrededor, que con el hecho de que haya un peligro o amenaza real para la vida de la madre o del bebé. Es decir, no existe una relación de causalidad directa entre complicación objetiva del parto y desarrollo de trastorno de estrés postraumático (en adelante, TEPT).

   Un ejemplo de esta subjetividad es la aparición de síntomas en mujeres en un parto aparentemente normal y sin intervenciones (Thompson, 2008).

   Como dice Beck, “el trauma del parto reside en la mirada de quien lo percibe”. Esta afirmación nos conduce a algo esencial: llegar a desarrollar TEPT depende en gran medida de nuestras percepciones de indefensión, peligro y amenaza, haya o no complicaciones objetivas durante el parto.

https://journals.lww.com/nursingresearchonline/Abstract/2004/01000/Birth_Trauma__In_the_Eye_of_the_Beholder.5.aspx

¿De qué depende que tengamos o no está percepción de peligro y amenaza?

   Nuestras percepciones varían en función de factores sociales, culturales y personales. Así por ejemplo, en algunas partes del mundo  y círculos sociales, una cesárea programada puede llegar a  considerarse un privilegio, mientras que en otras puede ser vista como una intromisión en nuestra naturaleza o incluso un abuso del poder médico.

   Las creencias y  expectativas  que tenemos sobre el parto  parecen ejercer una notable influencia en la manera la que lo vivenciamos. Lo que imaginamos y pensamos  muchas veces choca frontalmente con la realidad a la que luego nos enfrentamos, y es esta discordancia la que puede generar un fuerte impacto emocional en nosotros.

   Así mismo, el nivel de medicalización e instrumentalización durante el parto funciona en muchas ocasiones como una alarma que nos mantiene en alerta y con altos niveles de vigilancia.

  A menudo, el trauma de las mujeres es el resultado de las acciones (u omisiones) de las matronas, médicos y enfermeras (Elmir, Schmied, Wilkes y Jackson, 2010).

   Por último, los cuidados inadecuados durante el parto suponen un factor esencial en el desarrollo de la sintomatología, como veremos más adelante.

¿Qué síntomas tiene una mujer con Trastorno de estrés postraumático tras el parto?

-Pensamientos constantes sobre el parto.

Flashbacks (sensación de estar reviviendo el parto). Cualquier situación o acontecimiento que les recuerde el parto puede desencadenar la activación de recuerdos y generarles gran ansiedad.

– Pesadillas durante semanas o meses.

-Sensación de desconexión con el bebé y de irrealidad. Muchas mujeres describen la situación que están viviendo como irreal, como si el mundo fuera distinto y ellas otras personas, como si en parte todo aquello no le estuviera pasando realmente a ellas.

-Necesidad de comprender lo sucedido. En la mayoría de ocasiones, relatan el parto una y otra vez con numerosos detalles.

-Tendencia a comparar su parto con el de otras madres.

-Síntomas de ansiedad y depresión (con frecuencia se confunde este diagnóstico con el de Depresión posparto).

-Irritabilidad y agitación (Ayers, 2004; Olde, van der Hart, Kleber, & van Son, 2006), que afectan seriamente a las mujeres y a sus familiares.

-Dificultad para relacionarse con los sanitarios.

-Rechazo a las relaciones sexuales.

-Temor a la maternidad y a un posible nuevo embarazo.

https://ruja.ujaen.es/handle/10953/1071

¿Hay factores de riesgo y desencadenantes?

-Ser primípara.

-Que haya habido cesárea, sobre todo si es de urgencia.

-Alto intervencionismo obstétrico (Inducción, uso de ventosas, fórceps, etc).

-Parto prematuro.

-Bebé gravemente enfermo tras el parto.

-Que los consentimientos informados no hayan sido respetados.

-Separación temprana del recién nacido.

-Falta de apoyo social y emocional (sobre todo por parte de la pareja).

-Escasez de información y explicaciones durante el proceso.-Sensación de pérdida de control durante el parto.

-Sensaciones prolongadas de dolor (sensación de eternidad).-Problemas de ansiedad y /o depresión previos al parto.

-Responsabilizarse y culparse por los eventos ocurridos durante el parto (Locus de control interno).

-Baja autoeficacia, esto es, creencia de que nuestras capacidades para enfrentarnos a la situación no son suficientes o no sirven de nada.

-Percepción de cuidados inadecuados e incluso maltrato. Conviene que nos detengamos en este punto porque ha resultado ser el factor más importante a la hora de desarrollar estrés postraumático. Son tan importantes los cuidados que incluso que en un parto con complicaciones graves y objetivas, si durante el posparto, los profesionales atienden de forma empática, cariñosa y respetuosa a la mujer, se reduce de forma drástica las probabilidades de desarrollar estrés postraumático por el parto.

   Por el contrario, podemos encontrarnos con mujeres que sufren los efectos traumáticos del parto sin necesidad de que haya habido complicaciones objetivas en el mismo, pero que relatan haberse sentido indefensas, infantilizadas, humilladas, tratadas de forma irrespetuosa y poco empática.

   Algunas de estas mujeres utilizan términos como “bárbaro”, “humillante”, “degradante “e “invasivo” para referirse a su parto (Thompson, 2008).

¿Qué consecuencias puede tener?

-Las mujeres que lidian con los efectos de un parto traumático, pueden sentir dificultad a la hora de relacionarse con el recién nacido, acercarse a él y sostener el contacto físico por tiempo prolongado. A largo plazo, esto puede contribuir a desarrollar modelos de apego disfuncionales, como por ejemplo, de sobreprotección.

-Dificultades para integrar y asumir el nuevo rol de madres. Algunas describen sensaciones en las que sienten como si su bebé no les perteneciera, como si no fuera de ellas.

-Frecuentes sensaciones de vacío (Ayers, 2007).

-Abandono temprano (primeras semanas o primer mes) de la lactancia materna para proteger su salud emocional.

-Percepción de falta de apoyo y sostén de la familia, amigos y pareja. Problemas de comunicación y sexuales con esta última.

-Conductas de aislamiento.

-Temor intenso a futuros embarazos y partos, también llamada tocofobia.

¿Cuándo tengo que pedir ayuda?

   Si durante semanas o incluso meses sientes que no puedes evitar revivir y recrear la situación y las emociones negativas que acompañaron al parto.

  En caso de encontrarte enormemente irritable con quienes te rodean y con los profesionales de la medicina.

  Si sientes un interés enorme, e incluso “desproporcionado” por todo lo que rodea la atención al parto (pensamientos circulares).

  Cuando estás aislada socialmente de amigos y familiares y no te apetece hacer nada ni ver a nadie.

¿Cómo puede ayudarte la psicoterapia?

   La psicoterapia nos ofrece un espacio seguro en el que comenzar a entender y encajar las piezas de ese puzle que  nos cuesta armar.

   Toda recuperación pasa por construir una historia, un relato que explique lo que ha ocurrido y le dé sentido a cómo nos sentimos.  Es decir, tenemos que integrar el trauma (Callister, 2004) en nuestro mundo, contándonos y contando una historia que nos calme, nos consuele y nos ayude a continuar el camino.

   No es casual que muchas mujeres necesiten hablar y contar su parto una y otra vez. Se trata de un mecanismo de supervivencia, que nos empuja a elaborar mentalmente todo lo traumático que nos sucede, para poder darle un sentido y no quedarnos atrapados en el malestar.

    La psicoterapia existe para ayudarte a elaborar esta narración y conseguir transformar esa experiencia traumática en aprendizaje y resiliencia.Desde nuestro servicio de psicología podemos ayudarte. 

https://mubesfisioterapia.com/psicologia-sexologia/

¿Cómo puede ayudarnos la fisioterapia pediátrica?

   Estamos acostumbrad@s a llevar a nuestro@s hij@s al Pediatra desde bien pequeños a la revisión del niño sano. Pero, ¿podemos hacer más? Estas revisiones son, por supuesto muy importantes, pero también existe la valoración por parte de la fisioterapia pediátrica. Ésta nos permite reconocer otros aspectos relacionados con la salud de nuestro hij@.

   Las valoraciones que realizamos desde la Fisioterapia/Osteopatía, abarcan aspectos tan importantes como las tensiones sufridas durante el embarazo y el parto, cómo afectan al niñ@, deformaciones osteoarticulares, problemas de lactancia, anquiloglosia, cuadros digestivos, respiratorios…https://efisiopediatric.com/que-es-la-fisioterapia-pediatrica/

¿Cómo fue afectar el embarazo y parto a nuestro bebé?

   Durante el embarazo el posicionamiento del bebé condiciona la formación de su cráneo, de la musculatura y vértebras cervicales, de sus piernas y pies. Puede provocar, por lo tanto, tortícolis, plagiocefalia, pies zambos o talos, rotaciones de tibia, luxación de cadera…

   Además, durante el parto, el bebé sufre fuerzas de compresión y tracción que generan mucha tensión a lo largo de la columna y cráneo, lo que conocemos como tensión dural. Todo esto hace que los bebés estén inquietos, irritables, pueden llorar constantemente, tener problemas de lactancia dependiendo de la posición, cólicos y otros cuadros digestivos.https://mubesfisioterapia.com/fisioterapia-y-osteopatia-en-el-colico-del-lactante/

   Si, además, tenemos partos largos, demasiado cortos o instrumentados, el riesgo de que estas tensiones aparezcan es mayor. Incluso en partos por cesárea, en los que el cráneo del bebé no sufre esas compresiones al pasar por el canal del parto, podemos encontrar deformaciones del mismo pasadas unas semanas y problemas digestivos asociados.

¿En qué otras dificultades podemos ayudar?

  Las tensiones craneales que puede sufrir el bebé están íntimamente relacionadas con la aparición de cuadros digestivos. El movimiento respiratorio y las acciones de succionar y llorar pueden ayudar a mejor estas tensiones, pero en ocasiones necesitan tratamiento.

   Otra circunstancia que podemos encontrar, es que el bebé no se esté alimentando correctamente y no esté poniendo suficiente peso, o la madre tenga problemas en el pecho. También es muy frecuente la aparición de gases y reflujo asociados.

   En este caso también es necesario revisar la boca del bebé, el agarre, sus cervicales y cráneo, ver si la lengua está anclada (anquiloglosia).

¿Y cuándo acudo a un profesional?

   En el caso de aparecer síntomas de alguna índole cuanto antes: dolor, llanto desconsolado o constante, asimetrías en el cráneo, problemas de lactancia, deformaciones en pies y piernas, partos traumáticos…

  En el caso de que el bebé se bien encuentre, al mes del nacimiento sería un buen momento para revisar y prevenir.

  Puede ocurrir que las tensiones cervicales y asimetrías del cráneo aparezcan a posteriori por la posición del bebé en la cuna o capazo. Es importante vigilar que la cabeza no esté girada hacia el mismo lado, portero, colocarlo boca abajo (tummy time) según vaya tolerando, ofrecer estímulos que corrijan la postura…

¿Y qué hacemos con los mocos?

   A nivel respiratorio también podemos trabajar con el bebé, desde enseñar la correcta higiene de las vías respiratorias, eliminación del moco para prevenir complicaciones hasta tratamiento de patologías ya instaurada (bronquitis, bronquiolitis, neurona, asma…).

   Por supuesto, y no menos importante, es el trabajo a nivel de estimulación psicomotriz que podemos realizar, tanto si hay un daño neurológico, como si es un retraso del desarrollo por otras circunstancias.

   En definitiva, nuestra labor va desde la prevención, tratamiento y apoyo a los padres en los cuidados del bebé.

Parto por cesárea

   Cuando un parto se lleva a cabo mediante cesárea debemos tener en cuenta que es una intervención en la que se realiza una incisión y separación de algunos tejidos en la parte baja del abdomen de la madre hasta llegar a nuestro bebé.

  Estos tejidos son, de más superficial a profundos: piel, tejido subcutáneo, fascia, músculo, útero. Y podemos cuidar de todos ellos.https://www.reproduccionasistida.org/cesarea/

¿Qué puedo hacer tras mi cesárea?

   Recomendamos, los 3 primeros días inmediatos al nacimiento, aplicar frío, no directamente sobre la piel, durante 10 minutos, 3 veces al día.

   La cicatriz debe ser revisada por tu ginecólogo o matrona para ver el estado de las grapas, cicatrización, descartar infección y seguir sus indicaciones.

  Además, debemos seguir cuidando de nuestra higiene postural y no debemos hacer esfuerzos en el postparto inmediato, ya que tenemos que respetar el tiempo de curación de nuestros tejidos, sin confiarnos por nuestras sensaciones después de los primeros días.

   Recomendamos mantener hidratada la zona, una vez haya completado la cicatrización y nos lo indiquen los profesionales sanitarios.

   Podemos empezar a realizar un pequeño masaje para ir movilizando en bloque la cicatriz y ayudando a que los tejidos se muevan y drenen.

  • Antes de nada, ¡mírala!, obsérvala con un espejo, va a ser tu bajo abdomen, démosle un poco de cariño.
  • Cuando te sientas preparada y esté cerrada y cicatrizada, ¡tócala!

   En principio, colocaremos la palma de la mano 1 cm por encima de la cicatriz y movilizamos el tejido (desplazándolo) hacia arriba y hacia abajo, hacia los laterales y en diagonal.

  Después, colocamos índice y corazón 1 cm por debajo y deslizamos realizando los mismos movimientos.

¿Cuándo voy a consulta de fisioterapia?

    Una vez pasada la cuarentena ya podemos ir a revisar el estado de nuestra cicatriz y de sus tejidos a consulta de fisioterapia.

En ella:

  • Comprobaremos que los tejidos se muevan y deslicen bien (superficiales y profundos).
  • Eliminaremos adherencias (tejidos que se pegan unos con otros provocando retracciones) mediante  radiofrecuencia, masaje, agujas, ventosas…
  • Drenamos la zona: eliminamos sustancias que no son de provecho y se acumulan en esta zona.
  • Le damos trabajo a tu abdomen, valoramos si hay diástasis, como se activa, y si está haciendo correctamente su función (gestionar las presiones dentro de la cavidad abdominal)
  • Valoramos tu suelo pélvico. Sí, también a tu suelo pélvico, ya que la cicatriz de la cesárea ha llegado hasta el útero, y, además, el periné ha soportado el peso y los cambios del embarazo durante 9 meses (era el suelo sobre el que descansaba tu bebé).

 Aquí os presentamos las fotos de Esperanza, paciente de Mubes, antes de acudir a consulta y tras la realización de sesiones, ejercicio y correcta alimentación.

¿Puedo hacer algo por mi cesárea si ya han pasado años de esta?

   ¡Buenas noticias! SI puedes, lo cierto es que cuanto más temprano revisemos la cicatriz mejor pronóstico y mayor beneficio, pero, aunque haya pasado tiempo, siempre podemos tratar esos tejidos y conseguir buenos resultados.https://mubesfisioterapia.com/fisioterapia/fisioterapia-suelo-pelvico-sevilla/

¿Cómo saber si mi cicatriz necesita cuidados?

   Una cicatriz siempre necesita cuidados, no por motivo estético, sino por salud.

   Algunos de los signos de que mi cicatriz necesita especial atención son:

  • Algunos de los puntos de la cicatriz la notamos más hundida
  • Dolor punzante y/o profundo en la zona abdominal
  • Cambios en la sensibilidad de mi abdomen
  • Dolor de espalda
  • Cambios en mi postura

¿Y, entonces, todo lo que me he preparado el suelo pélvico y mi abdomen para un parto vaginal, no me ha servido de nada?

   Esta pregunta, suele repetirse en las mujeres, cuando se ponen en contacto con nosotras después del parto o en la consulta tras la cuarentena. A veces, pensando que todo ha caído en saco roto.

   Y tenemos que decirte que ¡TE HA SERVIDO DE MUCHO!, y te explicamos por qué.

   El ejercicio físico que has hecho durante el embarazo ha hecho que tengas un embarazo saludable, y estás aportando mucho, tantos a los cambios durante el embarazo, como a tu bebé.

   La preparación al parto te ha ayudado a ir tranquila, positiva, confiada y siendo parte y papel protagonista en TODO el proceso, desde el embarazo, parto y hasta el postparto, y por eso puedes sentirte muy orgullosa.

   La preparación de tu abdomen y de tu periné, también ha sumado, ya que, por parte del abdomen, ayudará a la mejor recuperación abdominal puesto que los tejidos estaban más tonificados y, además, ya sabes activarlo, y así, es mucho más fácil conseguir buenos resultados en el postparto.

   Y con respecto a tu periné, la preparación perineal mediante los ejercicios y/o el masaje, ha aportado mayor nutrición, buen aporte sanguíneo, que ayuda al soporte del peso y de los cambios hormonales debido al embarazo, y, además, ¡aporta propiocepción y conocimiento del mismo para el futuro.